
Tú eres el amor del cual yo tengo…
Amor eterno- Juan Gabriel
El más triste recuerdo de Acapulco…
Elvira fue la penúltima hija del matrimonio Meza Cortés, creció en Tláhuac ordenando vacas y despachando gasolina. Fue criada con carácter fuerte, o quizá no le quedó de otra más que ser fuerte al haber crecido en un ambiente dominado por hombres y con un padre que les tatuó hasta el túetano el valor del trabajo duro y el sacrificio, mujer valiente y echada para adelante.
Elvira o «Elvis» como yo la llamaba, es mi abuela materna. Falleció hace exactamente dos años. Aún recuerdo el momento en que supe que habías dejado de respirar; recibí una llamada mientras tomaba asiento para que me hicieran un corte de pelo, contesté con una angustia indescriptible, algo me decía que esta no era una llamada de rutina y al deslizar el dedo sobre la pantalla del teléfono no hizo falta preguntar qué pasaba; alguien lloraba en el auricular mientras decía: «La abuela se fue, ven a despedirte».
Solté el celular, los ojos se me llenaron de lágrimas y tuve unas inmensas ganas de gritar. Quería romperlo todo, quería volar para estar contigo, quería regresar el tiempo; Elvira se había ido. Mi Elvis había dejado de respirar un 10 de diciembre del 2021.

A mis 29 años, puedo decir con seguridad que soy una persona que vive los duelos de manera anticipada; vaya no digo que esté bien, pero es lo que hay. Así viví tu partida, de una manera anticipada y muy dolorosa. Te dediqué horas en terapia pues vivía con el miedo constante de recibir aquella llamada. Cómo se vive sin los que uno ama, cómo se vive sin los que nos aman, esas eran sólo algunas preguntas que en aquellos años le hacía a Tania, mi terapeuta.
Quién diría que la vida después me enseñaría (a madrazos) cómo vive uno cuando le quitan pedazos a tu corazón y sobre todo, cómo vive uno sin los que uno ama. Peeero eso es material para la siguiente historia.
Elvira marcó mi vida, fui su primer nieta y aunque algunos no estén de acuerdo; una de sus consentidas. Me enseñó a levantarme siempre, jamás me dijo un te amo o un te quiero; ella tenía otra forma de amar y las palabras no eran lo suyo. Elvira nos amó a su manera, me amó cuando me dijo: vete Ruth a ese intercambio a Londres, que el tiempo y las oportunidades no regresan, vete. Para después regalarme los boletos de avión y llenar un poco la cartera.

Pero también me amo cuando fue la única en no cuestionar la decisión de divorciarme, jamás me pidió una explicación y vaya que lo adoraba . El día que llegué con ella y rompí en llanto; sin decir una sola palabra ella lo entendió todo. Me miró y lloramos juntas hasta que me dijo: todo va a estar bien. Esa era una de sus tantas formas de amar, acompañar mientras sientes que se te cae el mundo a pedazos.
Elvira me amó de una manera muy particular, pero también me rompió el corazón, ella es para mí la prueba de que a veces tanto amor mata. Elvira sin saberlo, me enseñó que a veces a los que amamos, también nos lastiman.
Sin darse cuenta, fue mi maestra para aprender a poner límites en esta vida y a decir que no. Pero también, me dio sin lugar a dudas, la fortaleza para entender que nada es para siempre y que todo, absolutamente todo siempre pasa.

Cuando uno vive un duelo, hay días mejores que otros y días completamente de la chingada. Creo que ahí está el recordatorio permanente que nos da la vida sobre las pérdidas; que los duelos como la vida, no son lineales. Se esconden, regresan y cuando crees tener todo bajo control; vuelven para recordarte que en esta vida uno tiene que seguir en movimiento.
Quizá ya debería ser tiempo de que te deje de extrañar, pero no quiero. Prefiero seguir extrañándote para tenerte presente, buscándote en las estrellas, en las pequeñas y también en las grandes cosas, en lo que no importa pero también en lo verdaderamente importante, en lo agridulce de la muerte, en mis triunfos pero también en mis fracasos.
Cuando pienso en ti le hablo a las estrellas, tengo la romántica idea que cuando miro el cielo y encuentro la estrella más brillante, me sonríes y me dices, «todo va a estar bien».
Hoy estoy convencida que algunas personas jamás nos dejan, nunca se van por completo, aunque ya no estén, su esencia queda y su voz se escucha, las sentimos sonreír.
Algunas personas jamás nos dejan, son eternas.
Fuiste mi superhéroe sin capa pero con muchas canas, con un corazón tan grande que se te salía por esos ojos brillantes, gracias por tanto mi Elvis.

Gracias, porque gracias a ti; el 10 de diciembre del 2021 comencé a hablarle a las estrellas.
Te amo siempre.
RAMR